El Genuino Blog de Esgalla

The Journey, un viaje por uno de los mil anuncios que debes ver

Hoy te traemos The Journey, un anuncios de Mercedes-Benz que nos muestra que la tecnología alemana queda de lado cuando quieres usar los sentimientos.

the journey mercedes benz

Cuando comenzamos el segmento «1000 anuncios que debes ver antes de morir porque al redactor de Esgalla le molan un huevo» probablemente nunca hubiésemos pensado en que un anuncio como el de hoy iba a aparecer en el listado, básicamente porque nosotros somos más bien de la publicidad irrisoria o de las que son súper producciones. Prueba de lo primero son anuncios como el de Dollar Shave Club o el de Old Spice, de los que hemos hablado en algún momento, y para demostrar lo segundo tenemos el anuncio de Johnnie Walker o el de Cartier de la semana pasada. Hoy nos vamos a apartar de estas súper producciones y de lo ridículo de la publicidad y vamos a traeros un anuncio simple, sin grandes presupuestos ni actuaciones despampanantes, pero que es un fiel exponente de que cuando juntas una buena idea con un concepto claro, el resultado sale solo. Hoy vamos a hablar de «The Journey», un anuncio de Mercedes Benz que rompe con el paradigma de tener que hablar de la tecnología alemana, y se acerca mucho más al pequeño ser humano que todo alemán lleva dentro.

Tierno, ¿verdad? Sí, pero eso no es lo único importante de The Journey, por lo menos no tanto como otras cosas que vale la pena repasar.

 

«Yo juego en otra liga»

El primer punto que hace tan bueno a The Journey es lo distinto que comunica. Para entender esto es necesario comparar éste con el resto de los anuncios de coches. En la mayoría de ellos la receta es simple, algo así como «aspiración+coche=anuncio asegurado«, y así tenemos mil anuncios de tíos que siempre son guapos (nunca un feo conduce un coche, NUNCA), se visten bien y tienen de novia a una súper modelo (nunca un gay conduce un coche, NUNCA). Si nos preguntan rápido, solo recordamos el nuevo de Ford Focus como un anuncio donde aparece una tía conduciendo (y solo la ponen aplaudiendo mientras el auto aparca solo ¬¬), en todos los demás (o por lo menos en la inmensa mayoría) son hombres.

 

The Journey

Este es todo el aporte que han hecho hacer a una mujer en una publicidad de coches.

En el otro lado de los anuncios de coches tenemos a los tecnológicos, esos anuncios que te hablan solo de caballos de fuerza, frenos ABS, airbags laterales, y mil etc más. No hay alma, no hay corazón, no hay sentimiento, solo potencia y velocidad. 

Y es por eso que The journey es tan bueno, porque se separa de todos los demás, y porque lo que representa es mucho más grande que un nuevo sistema de luces o que lo maneje un hipster con pajarita y sombrero; con solo dos personajes dijeron todo lo que tenían que decir: el niño le dice al público que Mercedes Benz es una marca familiar, el policía les habla de seguridad, y la historia nos habla del camino que seguimos para alcanzar nuestras metas y deseos. Listo, así de simple. Todo lo demás sobra. Dadle el maldito Cannes a estos tíos!

 

Historia + arte

Si tuviésemos que contar la historia de The Journey y decir que es un niño que se escapa de su casa para ir a la policía y así poder subirse a un Mercedes, tal vez suene un poco corta, y es por eso que la dirección de arte es tan buena, porque hace de una historia chiquita algo que vale la pena ver.

En el primer segundo, con los autitos colgando, ya nos damos cuenta que los encuadres y la fotografía es algo muy pulido en The Journey, sin contar que ya comienza a contarnos la historia de un niño fascinado por los coches. En su casa los planos son medios, algo lógico si pensamos que es en interior, pero cuando el viaje comienza, los planos se abren hasta ser larguísimos, para reforzar lo pequeño que es el niño. Esto todavía se hace más patente cuando llega a la comisaria, donde los planos picados y contrapicados se superponen para que el poder policial se haga mas evidente y la ternura e indefensión del niño mas profunda.

Visto así tal vez muchos pensaréis que solo filmaron de la manera más obvia, pero si sois como nosotros, oh pequeños frikis de la publicidad, y prestáis atención a todos los anuncios que veáis, os daréis cuenta que pocos trabajan tanto la dirección de arte como «The Journey».

 

La música

La música es otro punto fuerte de The Journey, y no porque vaya a ser para este siglo lo que «Let it be» fue para el anterior, sino porque está perfectamente elegida para que no luche en protagonismo contra las imágenes, pero que a su vez sea algo que valga la pena oír.

En un anuncio donde el arte es tan fuerte no puede haber ni mucho guión ni mucha música, y es por eso que la voz de Mia Spengler encaja a la perfección en The Journey. Ésta llega como una brisa suave que no solo musicaliza el anuncio, sino que aparte da voz al niño: con una cadencia casi onírica y una voz etérea nos sumerge en una visión mágica que parte desde los ojos de un niño que no ve maldad ni peligros en la ciudad de noche (le sonríe al tío tatuado en el bus, cruza la calle sin mirar, etc), sino solamente un camino que lo separa del lugar donde quiere estar. Un gran acierto de parte de los productores, que ficharon a una cantante desconocida que terminó de rematar un trabajo perfecto.

 

Así cerramos nuestro artículo de hoy viendo como, armados de un concepto, una idea y una historia, se puede hacer un gran anuncio sin gastar una pasta en una súper producción. Si te ha gustado el artículo compártelo, comenta, o haz alguna otra cosa que se te ocurra con él.

Gabriel de Donato

Redactor y creativo publicitario, especialista en SEO y en marketing de contenidos. Amante del fútbol y la música, paso gran parte del día desarrollando estrategias de supervivencia para el más que probable apocalipsis zombie.
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